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Paseo de las Ánimas evoca regreso de almas al Mayab

Mérida, 31 Oct (Notimex).- A paso lento, silenciosas, buscando entre el gentío a los suyos, cientos de ánimas recorrieron las calles del viejo camino real de Mérida a Campeche, andar con el que anunciaron su retorno anual al mundo de los vivos.
El Paseo de las Ánimas, como aduce el blanco, o el Paseo de los Pixanes, como dice el mestizo, salió del bicentenario Cementerio General para recorrer unos tres kilómetros de calles asfaltadas y donde en antaño fue un camino empedrado que conducía al territorio campechano.
Emblemáticas catrinas mestizas, ataviadas con el colorido terno y cubiertas con rebozo de Santa María; ellos caballeros de blanca y pulcra vestimenta, con alpargatas chillonas; caminaron a paso lento, como si pretendieran mostrar a los vivos la gloria de la eternidad, mientras llevaban en las manos una luz con la que iluminaban su regreso a casa.
Niños al frente, jóvenes detrás y enseguida hombres y mujeres a los que la muerte alcanzó en la edad madura caminaron en riguroso silencio con flores del campo en la manos, mientras miraban al frente, de un lado al otro, en busca de quienes les prometieron esperarlos hasta que la muerte también los llamara.
En esta ocasión, las ánimas tuvieron que esperar a que cuatro ánimas de extraño andar, de piel aun más blanca que ellas y de hablar desconocido, fueran invitadas a ocupar la última fila de las ánimas mayas, pues sólo pueden estar al frente de la columna las que han tenido el honor de nacer en el Mayab.
Los pixanes o ánimas se apretujaban sin emitir un solo quejido, mientras el tumulto de miles de peregrinos vivos los veían pasar y trataban de captar con cámaras o celulares a los visitantes, que en esta ocasión se hacen visibles y se revelan a los hombres.
Calle por calle avanzaron en medio de los gritos de oferentes que prácticamente suprimieron los altares que los vecinos montaron para honrar el regreso de los suyos, mientras el aroma a cerveza empezó a inundar el ambiente en el que ha estado el copal y el incienso.
Entre la multitud, demonios, monstruos y representaciones de la muerte se mezclaron y desde este espacio veían con recelo a las almas puras de los mayas que siempre triunfan, estén en el cielo o en el inframundo.
Mientras las almas hacían del Camino Real la vía para llegar a su morada, los vivos continuaban su andar entre tumbas, mausoleo e imágenes de querubines y ángeles que con el dedo pedían silencio sin ser escuchadas, en el día en el que los vivos retan al miedo.
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